Había una vez un perro desafortunado. Se llamaba Chaky, era un perrito mediano de color marrón con manchas blancas y ojos negros muy grandes. Vivía en una pequeña caja de cartón que cada vez era más incomoda y tenia una lamparita que alumbrada sus noches de invierno más oscuros.
Chaky tenía una amiga muy fiel, que le traía todos los días comida y agua. Esta niña se llamaba Carmencita, tenía nueve años, era bajita y tenía un precioso y largo acoracolado pelo de color negro.
Carmencita, que nunca fallaba a sus citas con Chaky para llevarle su comida y agua, un día empezó a retrasarse hasta que estuvo una semana sin aparecer. Chaky, preocupado por lo que le podría haber pasado, salió a buscarla. Tras un buen paseo ladrando para buscarla Chaky encontró una niña tumbada bajo un árbol con cara pálida y tapada con una pequeña manta. Carmencita había enfermado y no podía moverse para buscar ayuda, por lo que Chaky decidió ir a buscarla.
Después de varias horas intentando que alguien le hiciera caso volvió desolado donde se encontraba Carmencita. Pero Chaky no se dió por vencido y mientras estaba tumbado al lado de ella se le ocurrió una idea maravillosa. Cogería su pequeña lámpara y haría ráfagas de luz para que la vieran y fueran en su ayuda.
Tras unos minutos aparecieron varias personas y se llevaron a Carmencita al hospital.
Carmencita se recuperó en unas semanas gracias a Chaky. Y los dos vivieron felices.
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